Con motivo del Acto Simbólico de Reparación de la ciudad de Madrid al Pueblo Gitano
Su mano al Pueblo gitano
tiene negada la Historia
desde que al linaje humano
se le conoce memoria (M.M.R.)
Las primeras familias de nuestros antepasados romané/gitanos que salieron de la India entre los siglos X y XI llegaron a Europa central al comienzo del segundo milenio. Diseminados por todos sus territorios, mantuvieron sus contactos por encima de las fronteras de cada Estado que les acogía, antes de que Europa fuera Europa. Eran, somos, según Günter Grass, europeos natos. Hoy formamos un pueblo de todo el mundo, sin guerras, sin territorio, pero de toda la Tierra; un pueblo sin fronteras, como nos define Johan Galtung.
En 2017 se cumplieron seiscientos años de nuestra estancia en Europa. Entre 2017 y 2019 oscila el milenio cumplido de aquel éxodo y la fijación de nuestro Pueblo como comunidad transnacional paneuropea de base multiestatal. Sin gobierno ni territorio, habitamos hoy en la práctica totalidad de los Estados europeos, participando en la diversidad de las diferencias y compartiendo una historia común.
En 1415, el rey Alfonso V de Aragón otorgó una carta de paso al Gitano Thomás de Sabba, que peregrinaba con su familia a la tumba del apóstol Santiago, en Iria Flavia. El primer documento histórico hallado en los archivos nacionales, que acredita la presencia gitana en las Españas a comienzos del siglo XV, es el salvoconducto que el monarca aragonés concedió en Zaragoza, el 12 de enero de 1425, al “amado y devoto nuestro don Juan de Egipto Menor” para transitar “a diversas partes de nuestros reinos y tierras”. Y los primeros documentos que conservan los libros capitulares del Concejo de Madrid sobre la presencia de nuestros ancestros en la villa, refieren que sus regidores, reunidos en la Iglesia del Salvador el 24 de mayo de 1484, concedieron a unas familias gitanas mil maravedíes para costear su paso por nuestros caminos regionales.
A la razón viajera se unía la búsqueda de una tierra de acogida. Aceptados con hospitalidad durante setenta y cinco años, la falta de estatuto jurídico como grupo nacional diferenciado acabó por causar serias y duraderas dificultades.
Cuando los Reyes Católicos unifiquen los distintos reinos, en 1492, se quebrará la convivencia multicultural y poliétnica de ocho siglos entre Judíos, Árabes y Cristianos. Las restricciones al nomadismo y la poca disposición a avecindarse y a tomar oficios conocidos, reducirán sus desplazamientos y los plazos para asentarse y “servir a los señores”, bajo penas de castigos corporales, destierros, expulsión del reino o cautividad de por vida. Mira que Gitano soy: / pena el crayí que me naje, / yo con mi gente me estoy.
Expulsores de los Judíos, los Reyes Católicos son los firmantes de la primera disposición reductora de la otredad gitana, conocida por error durante casi cinco siglos como “Pragmática de Medina del Campo”. El equívoco se mantuvo en la Nueva Recopilación y en los sucesivos repertorios legislativos, hasta que, en 1997, el investigador Antonio Gómez Alfaro descubrió el extraviado manuscrito original en el Archivo General de Simancas. Al reconstruir el itinerario de la corte durante esos años, conoció su instalación en la villa de Ocaña, en noviembre de 1498, y su traslado a Madrid, en los primeros días de marzo de 1499. Aquí estamparon su firma y sello los reyes el día 4 sobre esa primera ley de extranjería que resultó ser la Pragmática que hoy nos convoca, en su 520 aniversario. Archivada en el libro del Registro General del Sello y protocolizada al folio 35, su ejecución se promulgó en Granada el 14 de octubre.
Aquella etapa asimiladora se prolongó durante siglos, aunque cada vez más persecutoria, represiva y excluyente. En mayo de 1539, una Pragmática de Carlos I condenaba al remo en las galeras reales a los Gitanos varones físicamente válidos, con edades de veinte a cincuenta años, sin más delito que su identidad. El orgullo que caracteriza a su género, la resiliencia, sororidad y arrojo de nuestras mujeres mantuvo la supervivencia de nuestro Pueblo sucesivo, como respuesta a las severas circunstancias de tiempo y lugar que sufrió durante siglos. En 1561, siendo Madrid Villa y Corte, Gitanas y Gitanos serán víctimas de duras medidas que limitarán su estancia y avecindamiento lejos de los lugares reales, les crearán conflictos con la sociedad mayoritaria y, sobre todo, con los poderes públicos y sus formas de dominio, no diferentes de las mantenidas entre potencias colonizadoras y pueblos colonizados.
Homogéneos en su diversidad, diferenciados y segregados de la sociedad mayoritaria, nuestros predecesores se diseminaron por todo el país, empeñados en mantener su identidad como comunidad. Ello les trajo persecuciones, infamia legal, rechazo de los demás vecinos y exclusión del conjunto nacional hasta niveles de extrema esquizofrenia colectiva. De la crueldad de la época trascendió al presente buena parte de las pulsiones antigitanas que aún sufrimos cada día. Hoy es siempre todavía, nos recuerda don Antonio Machado.
Dirigida a enfrentar el secularmente llamado problema gitano, la legislación promulgada contra la identidad de nuestro Pueblo, desde aquel fatídico 4 de marzo de 1499, hoy rememorado, produjo más de 250 providencias formales, generalmente expulsoras, pero empeñadas en la inclusión o la reclusión de los no expulsados. Por mucho que su itinerancia multiplicase su presencia en el imaginario social, hoy como ayer sorprende el inexplicable temor que refleja gran parte de la legislación dictada contra aquellas Gitanas y Gitanos. Con acoso de siglos en el ceño / por esos reinos vagué / con una deuda pendiente.
Entre las leyes con las que se quiso conjurar esa supuesta amenaza, que ensaya la legislación antigitana española hasta la muerte de Franco (salvo la segunda República, con el terrible error jurídico, político y humano de su Ley de Vagos y Maleantes), la Prisión General de diez o doce mil mujeres y hombres, ancianos y niños, “a un tiempo y de por vida, por meramente ser Gitanos”, es el episodio más espantoso que padeció nuestra gente en España. Maquinada por el obispo de Oviedo, confesor de Fernando VI y gobernador del Consejo de Castilla; recomendada y bendecida por la Iglesia, con el celo apostólico de una “cruzada contra infieles”; ordenada por un rey sin talento ni glorias; promovida y dirigida por el marqués de la Ensenada, secretario de guerra y jefe del Ejército, la Prisión General se ejecutó el 30 de julio de 1749: un fatídico miércoles negro de una historia abundante en páginas negras. Aquella aberrante “solución final”, aquel genocidio a la española, fue una genuina aportación de nuestro país a la historia universal de la infamia, que diezmó a nuestra población. “Más que de la historia de una opresión, se trata de la opresión como historia”, según Bernard Leblon.
Traemos a la memoria en este acto una sola referencia a aquel penoso episodio: la rebelión de las mujeres gitanas, presas en la Casa de la Misericordia de Zaragoza, que atormentaban con provocada impudicia a sus clérigos guardianes, suponiendo que, así, ellos irían al infierno.
Al suceso del tiempo en el presente / ni las leyes se atienen ni los pactos / porque nada es igual eternamente / (…) Y ya es una blasfemia toda historia / porque es toda la Historia tu castigo. Para que jamás se repitan, hay que abolir tantos bibaxtalé berśá/años desdichados y superar el memoricidio: el asesinato de la memoria de quienes no quieren saber ni que se sepa, y arrojan lo ocurrido al pozo de la desmemoria o banalizan la importancia y la trascendencia de aquellos hechos abominables. Ello dificulta su definitivo enfrentamiento remedial por los poderes públicos y el inexcusable mandato moral de lavar tanta afrenta de lesa humanidad. En defensa y promoción de nuestros derechos y libertades como personas, y de nuestra igualdad radical efectiva con la sociedad mayoritaria, es preciso amortizar esa deuda secular, reparando los daños que causó a nuestro Pueblo tamaña crujía histórica.
Héjira desde siempre
por todos los caminos
proscrito,
apátrida de todas las coronas,
acosado por toda la jauría,
vejado,
fustigado
por decretos
cincelados a punta de desprecio.
Con estos versos estremecedores narraba el duelo anti-épico de nuestra padecida historia José Heredia Maya. Gitano granadino, español-europeo-universal, poeta, dramaturgo y profesor universitario, suyas son otras tres patéticas citas líricas que anteceden a esta y que hemos ido sembrando, sin mencionar su autoría, en el texto de esta Declaración.
El Colegio de Defensores del Pueblo de España firmó el 4 de marzo de 1999 un Manifiesto por la reparación histórica del Pueblo Gitano, en el V Centenario de la Pragmática de Madrid. Invocando la convivencia democrática de los diversos grupos, comunidades y pueblos que, como los Gitanos, han compartido la historia de España, proponía liberar definitivamente a la sociedad española de toda forma de rechazo y de asimilación impuesta, para que repare las injusticias cometidas contra las minorías. Nadie atendió aquella llamada.
En el año 2011, durante el acto de presentación del Marco Europeo de Estrategias Nacionales de Inclusión de los Romá, la Vicepresidenta y Comisaria de Justicia de la Comisión, Viviane Reding, declaraba que los Estados tienen la responsabilidad de poner fin a la exclusión de los Gitanos en las escuelas, el empleo, la asistencia sanitaria y la vivienda. Un reto muy serio para el que se necesita tomar medidas concretas, más allá de las buenas intenciones.
Ocho años después, los cambios apenas son significativos. Y el pasado puede repetirse. Pero, si cualquier situación es empeorable –como avisara don Antonio Machado–, también puede mejorarse. Tal sucede con la actual Corporación Municipal de Madrid, heredera remota de la Villa y Corte, donde los Reyes Católicos firmaron la maldita Pragmática, que estamos rememorando, al convocar este Acto Institucional de Reparación del Pueblo Gitano.
Acto raíz que está en línea con la Declaración de Estrasburgo contra el antigitanismo, de los alcaldes y representantes locales y regionales electos del Consejo de Europa, y que ha suscrito ejemplarmente el Ayuntamiento madrileño, miembro de la Alianza Europea de Ciudades y Regiones para la Inclusión de los Romá/Gitanos. En este 520 Aniversario de la fecha que nos convoca, celebramos que el Consistorio madrileño de un paso más y se adelante a todas las corporaciones locales de Europa, al asumir el compromiso, concreto y nada simbólico, de trabajar por abrir un proceso que permita alcanzar la definitiva reparación histórica del Pueblo Gitano, cumpliendo estos objetivos básicos:
1.- La expresa petición de perdón, como lo hace la Corporación Municipal de Madrid, a los descendientes contemporáneos de los victimados por las instituciones que persiguieron a nuestros predecesores o que aún nos marginan, excluyen o persiguen;
2.- El reconocimiento de nuestro Romanó them/Pueblo gitano, como Comunidad transnacional de base multiestatal, con derecho a su identidad y autonomía cultural, a participar en la vida política, económica, social y cultural, que tutelan las leyes de todos los Estados, foros e instancias internacionales, y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de aquí al 2030, fijados por Naciones Unidas, en pie de igualdad con la sociedad civil mayoritaria;
3.- El compromiso, asumido por las instancias internacionales y los poderes públicos estatales, regionales y locales, de crear una Comisión de la verdad y la reconciliación, que investigue y esclarezca las políticas seguidas contra nuestro Pueblo durante siglos
4.- El implemento de fondos europeos para planes sostenidos de desarrollo comunitario integral, que anulen la distancia social y la brecha sociocultural que aún nos segrega, discrimina y margina respecto a los estándares medios de los Estados en los que habitamos, con la indispensable participación de la sociedad civil gitana, y
5.- La culminación del proceso que nos permita a las Gitanas y Gitanos, desde hoy y para siempre, dejar de ser discriminados, relegados, excluidos, y alcanzar el rango equitativo y parigual de ciudadanas y ciudadanos plenos
Con la ilusión cooperante, alerta y crítica, ante el inicio de una nueva era que cancele definitivamente el oprobio del pasado y despeje los caminos del presente, para hacer posible el futuro de las nuevas generaciones de Gitanas y Gitanos, en igualdad y equidad, en Paz, Dignidad, Justicia y Libertad, recordemos que, como cantan los versos de una soleá:
No hay Paz cuando hay injusticia
La Justicia es Dignidad.
Sin Dignidad no es posible
el vivir en Libertad.
Te kadial avel !
¡Que así sea!
En Madrid, a veinte días del mes de marzo del año 2019
FIRMAN:
Presencia Gitana
Unión Romaní Madrid
Asociación de Mujeres Gitanas Alboreá
Fundación Secretariado Gitano
Romí Sersení
Instituto de Cultura Gitana
Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad
Asociación Barró
Asociación El Fanal
Red Artemisa
Asociación Memoria del Genocidio Gitano
Plataforma Khetane del Movimiento Asociativo Gitano del Estado Español




