“El genocidio de los sinti y los roma se llevó a cabo partiendo del mismo motivo de odio racial, con la misma premeditación, con el mismo deseo de exterminio total y sistemático que se llevó a cabo el genocidio de los judíos. Familias enteras, desde el más joven hasta el más anciano, fueron sistemáticamente asesinadas dentro de la esfera de total influencia de los nacional socialistas.” Tales fueron las palabras pronunciadas por Roman Herzog, presidente Federal de Alemania en 1997. Aunque parezca increíble, tenemos que seguir recordándolo. Puede que para nuestra gente sea evidente, pero para la sociedad mayoritaria sigue siendo, en gran medida, absolutamente desconocido. Incluso entre determinados sectores de la Academia se sigue cuestionando la importancia, la crudeza y el impacto que para nuestra gran familia transnacional tuvo aquel terrible acontecimiento, aquella acumulación horripilante de muerte, de sufrimiento y trauma colectivo. Nos referimos al Porrajmos/Samudaripen, al Holocausto perpetrado contra el Pueblo Gitano por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
El importante intelectual rom Ian Hancock, sin duda alguna uno de los académicos que más esfuerzos ha dedicado al estudio del Porrajmos, advierte que fue el propio Himmler, después de emitir el decreto “La lucha contra la plaga gitana” en 1937, quien firmaría la primera declaración del Partido Nazi sobre la “Solución Final de la Cuestión Gitana”. Sin embargo, un año antes, Hans Pfundtner, ordenaba la elaboración de un minucioso censo sobre población gitana para facilitar el control riguroso de cualquier movimiento efectuado por las familias romaníes y llevar a cabo su esterilización. Para ello proclamó la fatídica “Ley Gitana” (Reichzigeunergeset). Más tarde, en 1938, Himmler lanzaba el decreto “Combatiendo a la plaga gitana”. Intentando justificar lo injustificable, los nazis revistieron su miseria moral e indigencia intelectual con tintes pseudocientíficos avalando así en su delirio el supuesto carácter irrefutable de los planes de exterminio. Los nauseabundos trabajos del psicólogo nazi Robert Ritter sirvieron para este propósito. En dichos escritos, Ritter, escribió perlas como la siguiente: “los gitanos como un pueblo de origen etnológico completamente primitivo, cuyo retraso mental lo hace incapaz de una verdadera adaptación social […] la cuestión gitana solo podrá resolverse cuando se reúna junto al grupo principal de individuos gitanos asociales e inútiles de sangre mestiza […] y cuando se detenga de una vez por todas la reproducción de dicha población de sangre mestiza.”
Enlazando con lo anterior, tal y como se remarca en la Guía de Recursos contra el Antigitanismo elaborada por FAGA: “Es importante remarcar que el criterio racial de identificación utilizado para los romaníes era mucho más estricto que el utilizado para los otros grupos perseguidos. Como ejemplo de ello, baste con recordar que, según los criterios nazis, una persona era considerada judía si tenía un solo abuelo judío; sin embargo, para ser considerada gitana bastaba con que uno de los cuatro bisabuelos de la misma tuviera una parte gitana. Es decir: tener tan solo un tatarabuelo gitano era suficiente para ser condenado.” Desgraciadamente es nuestra obligación recordar todas estas atrocidades hasta que las víctimas gitanas gocen del mismo estatus de humanidad que las demás. Es importante advertir que ni tan siquiera una sola víctima gitana del Holocausto fue llamada a declarar durante los célebres juicios de Nüremberg. De nuevo, Ian Hancock, nos recuerda que la comunidad romaní nunca recibió indemnizaciones por crímenes de guerra como Pueblo. Martin Clayton, en su “Roma. A people on the edge” (2002) afirmaba lo siguiente: “fueron recibidos con un muro de silencio y miradas en blanco por parte de las autoridades. Ninguna indemnización, ninguna película u obra de teatro sobre su situación, ninguna tierra nueva para establecerse y defender.”
Estudiosos como Ulrich Konig, Bertnard Streck o Sybil Milton aseguran que el número oficial de víctimas gitanas del Porrajmos/Samudaripen, que oscila en torno al medio millón de personas, no hace justicia a la realidad. Hay que tener en cuenta que, a menudo, las personas gitanas asesinadas fueron anotadas como “Liquidierungsübrigen” (saldo a ser liquidados), “parásitos” o “partisanos”. Muchos de los gitanos abatidos fueron anotados como “judíos muertos”, ya que la inmensa mayoría de ellos fueron aniquilados por los bandos fascistas en el sur y este de Europa o por las tropas de ejecución. Konig asegura la existencia de más de 150 lugares, solo en Europa Oriental, en los que se realizaron matanzas contra la población romaní. Todo ello contribuye a reconocer la imposibilidad de ofrecer una cifra realista del daño ocasionado. No obstante, tal y como afirmara la superviviente Miriam Novitch en 1968: “Lo que es importante es que casi todos coinciden en que aproximadamente un 80% de la población gitana europea fue asesinada cruelmente.”
El Porrajmos/Samudaripen tiene, para los gitanos y gitanas del Estado español un sabor particular ya que nos conecta, irremediablemente, con el 30 de Julio de 1749. En tal fecha, bajo el reinado de Fernando VI, las autoridades del Reino español pusieron en marcha una operación genocida cuya intención era privar de libertad a todos los gitanos y gitanas del reino para extinguirlos. Se trata de “La Prisión General de los Gitanos” o “Gran Redada”. Aproximadamente 12.000 personas fueron capturadas durante el transcurso del plan. Los hombres, a partir de los 15 años serían destinados a los arsenales para trabajar forzosamente en la construcción de navíos. Las mujeres, junto a los menores de 12 años, serían utilizadas en fábricas-prisión, donde sufragarían su propio mantenimiento hasta la misma muerta. Los gastos de la operación serían pagados subastando los bienes de las familias gitanas detenidas. Fueron muchos los factores que impidieron que la masacre se llevara a cabo con éxito, sin embargo están por estudiar seriamente las secuelas y consecuencias que un acontecimiento de tal dimensión tuvo y aún tiene en la vida de nuestro Pueblo en el Estado español. La intención al conectar estos dos dolorosos y cruciales momentos de nuestra memoria histórica es clara: visibilizar la barbarie, recuperar las voces ancestrales de una comunidad humana en resistencia cuya historia ha sido olvidada, vapuleada e ignorada. Solo así podremos comenzar a revertir la injusta situación en la que se encuentra nuestra memoria colectiva como Pueblo.