La reproducción del vídeo con la actuación del humorista Roberto Fernández, conocido profesionalmente como Rober Bodegas, ha suscitado una gran polémica en redes sociales y medios de comunicación y mucha indignación entre la comunidad gitana, y también entre personas no gitanas.

En supuesta clave de humor el cómico comienza su monólogo amparándose en la censura que abarca “lo políticamente correcto” (“ya no se pueden hacer chistes de gitanos”), y aprovecha para escenificar, con personajes “payos”, escenas que describen actos delictivos que implícitamente se atribuyen a personas gitanas. El presunto efecto cómico se produce de dos maneras: uno, por el mensaje implícito de que los payos no hacen esas cosas (el payo del chiste va a trabajar, no vende droga, su coche tiene seguro y no es robado, no se casa con menores de edad, ni le hace una prueba de virginidad a su novia), y dos, porque el público entiende que “en realidad” se está refiriendo a los gitanos. El monólogo es problemático precisamente por esos dos mecanismos: plantea una superioridad moral de los payos (lo que se conoce como supremacismo racial), y una inferioridad de los gitanos: todos los gitanos son vagos, trafican, roban coches y tratan mal a sus mujeres (lo que se conoce como racismo, y en este caso, antigitanismo).

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